El CEO de Blackrock dice que el capitalismo “debe evolucionar”: ¿hacia dónde?

Que algo no está funcionando del todo en las principales economías del mundo es un secreto a voces. Unos precios de la vivienda disparados, la inflación y un mercado laboral congestionado con sueldos bajos están haciendo que la vida sea muy difícil para un gran número de europeos y estadounidenses, y eso pone en jaque la legitimidad del sistema económico imperante: el capitalismo.
Esto no es algo que diga el portavoz de un sindicato, o el líder político de un partido progresista, no.
En el Foro Económico Mundial celebrado este enero en Davos, el CEO de la gestora de fondos del mundo, BlackRock, ha advertido a todos los directivos allí presentes que, de no corregir las fundamentales desigualdades que el capitalismo genera, el sistema entra en un grave riesgo de perder la confianza de los ciudadanos.
Larry Fink avisa de la necesidad de redistribuir
En el marco de esta elitista reunión en Suiza, Larry Fink señaló en el día de apertura que, en las economías avanzadas, la riqueza generada “ha recaído en un porcentaje mucho menor del que cualquier sociedad sana puede sostener”.
Ahora, con la llegada de la inteligencia artificial, se corre el riesgo de volver a priorizar un modelo que extrae las rentas de la mayoría en favor de un pequeño grupo de empresarios. “Las primeras ganancias [de la IA] están llegando a los propietarios de modelos, datos e infraestructuras”, señaló el directivo.
Así, el CEO de BlackRock ha reconocido la necesidad de redefinir el concepto de riqueza, que no puede medirse solo en términos de PIB sino en términos de bienestar social:
«La prosperidad no es solo el crecimiento en conjunto. No se puede medir únicamente por el PIB ni por la capitalización bursátil de las empresas más grandes del mundo. Debe juzgarse por cuántas personas pueden verla, tocarla y construir un futuro a partir de ella».
Si este discurso en favor de una distribución más social de los beneficios sale de la boca de uno de los ejecutivos más poderosos, es porque verdaderamente las clases altas son conscientes de que hay mucho en juego. Un gran porcentaje de la población se siente ahogada en una economía que lastra proyectos familiares y de vida, en una economía que no funciona para ellos.
A largo plazo, este descontento puede causar unos movimientos de masas que amenacen a la propia democracia, favoreciendo políticas extremistas y fascistas a la vez que se desata un colapso económico.
Según el último Informe de desigualdad mundial, el 10% más rico del mundo posee aproximadamente el 75% de la riqueza global, mientras que la mitad más pobre posee sólo alrededor del 2%.
Desde el BCE y el FMI también se alerta del problema de la desigualdad
En esta reunión en Davos no fue solo Larry Fink el que alertó de las consecuencias de un capitalismo depredador que genera desigualdad de forma masiva.
También Christine Lagarde, presidente del Banco Central Europeo (BCE) y Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) hicieron llamamientos a prestar atención a la desigualdad y a los efectos perniciosos de la inteligencia artificial en el mercado laboral.
En concreto, Lagarde dijo:
“Debemos tener cuidado con la distribución de la riqueza y debemos prestar atención a la desigualdad, que se está volviendo cada vez más profunda y mayor. Si no le prestamos atención, nos dirigimos hacia serios problemas”.
Por su parte, Georgieva mostró su preocupación ante dos problemas principales derivados de la sustitución de trabajadores por inteligencia artificial.
El primero es la creciente dificultad de los jóvenes para acceder a un puesto junior, ya que son estas posiciones caracterizadas por tareas más simples las que se automatizan primero. El segundo, es que no se percibe un aumento de salarios en aquellos otros puestos que no están siendo sustituidos, lo que empuja hacia abajo a la clase media.
¿Hacia una renta básica universal?
Con todo ello, vemos que las élites son conscientes de los graves problemas que puede suscitar una crisis de legitimidad del capitalismo como modelo aspiracional. Ahora, discursos a favor de rentas básicas universales, especialmente motivadas por los beneficios fijos obtenidos por un uso de modelos de IA que, además, son entrenados con los datos de los propios usuarios, cobran relevancia pese a las acusaciones iniciales que los tildaban de utópicos.
Hay que recordar que uno de los mayores defensores de la renta básica universal es, precisamente, Elon Musk. El empresario ha dicho en numerosas ocasiones que este tipo de beneficio social será algo inevitable en un futuro en el que el trabajo pasará a ser algo “opcional”. Otro gran defensor de la renta básica es Sam Altman, CEO de OpenAI, la empresa detrás del modelo de IA más usado, ChatGPT.
Estos discursos se argumentan, sobre todo, en el hecho de que estamos cerca de un futuro post-escasez, en el que la tecnología y la IA pueden ser capaces de producir todo lo necesario para la vida a un coste mínimo.





