Si la mayoría del consumo viene de los ricos, ¿puede la sociedad prescindir de los pobres?

Si la mayoría del consumo viene de los ricos, ¿puede la sociedad prescindir de los pobres?

Un gráfico proveniente del Financial Times se ha viralizado en el Twitter de Estados Unidos por su impactante significado. La infografía muestra cómo hoy el top 10% de personas más ricas de Estados Unidos es responsable de casi la mitad de todo el gasto o consumo del país.

Esta cifra ha crecido desde el 43% en 2020 hasta casi el 50%. Es decir, que la desigualdad de gasto en la potencia norteamericana está creciendo. La cuenta @MorePerfectUS, medio de comunicación de línea socialista en EE.UU, comparte los datos esgrimiendo:

“En nuestra economía cada vez más desigual, el 20% de los que más ganan gestiona el 59% del gasto de consumo. El resto de la población representa el 41% del gasto”.

Desde el medio Axios también se hacen eco de la noticia, señalando:

“Los altos niveles de inflación y un mercado laboral deslucido están afectando a la mayoría de las personas, y su nivel de gasto se ha mantenido estable. Pero en el extremo superior, la situación pinta bastante bien, especialmente para quienes operan en el mercado de valores”.

«El top 10% de los estadounidenses que más ganan son responsables de casi la mitad de todo el gasto en consumo». Gráfico de Financial Times. Fuente: X.com.

 

En redes, la imagen ha generado fuertes reacciones porque hablamos de una confirmación desoladora para la clase media estadounidense. Su sociedad es cada vez más desigual, con una clase alta con mayor poder adquisitivo, compuesta entre otros por directivos, ejecutivos o inversores, cuyo impacto en la economía es equivalente al del 80% de la población.

Las grietas de la desigualdad

¿Por qué es preocupante este dato? La desigual aportación al gasto en bienes de consumo introduce muchos riesgos y desequilibrios a la economía, que la hacen más propensa a shocks y a efectos negativos ante cualquier posible crisis.

Por un lado, la sociedad teme que, ante un top 10% con gran capacidad de gasto, las empresas no tengan reparos en despedir trabajadores, ya que el menor gasto que conlleva una sociedad con alto nivel de paro queda hasta cierto punto compensado por el enorme gasto de la clase alta.

Uno de los argumentos tranquilizadores sobre la llegada de la inteligencia artificial es el que asegura que, realmente, no puede producirse un paro masivo debido a la sustitución de trabajadores por la IA. Esto se debe a que, ante la pobreza generalizada que esto generaría, las empresas perderían demasiados beneficios al perder clientes incapaces de comprar sus productos.

Si una élite económica puede seguir comprando tanto que sustituye el valor que aportaban los consumidores normales, este temor de las empresas a despedir se disipa.

Por otro lado, dado que esta élite de alto poder adquisitivo está más expuesta al comportamiento de la Bolsa (ejecutivos de empresas cotizadas, inversores, traders, banqueros, etcétera), cualquier ligero shock que hunda la valorización, como nuevas guerras arancelarias o riesgos geopolíticos, puede impactarle y causar un gran hundimiento de la economía por su fuerte participación en el gasto total.

Es decir, que si a esta élite le va mal debido a cambios repentinos en Bolsa, es más probable que acabe generando una crisis general al frenar su consumo, frente a una base de trabajadores que puede seguir consumiendo de manera estable.

¿Un fenómeno similar en España?

Regresando al otro lado del Atlántico cabe preguntarse, ¿existe una situación similar en España? Según datos de 2023 del Banco Mundial, el índice Gini en Estados Unidos era de 41,8, frente al 33,4 en España. Estados Unidos es una sociedad mucho más desigual que la española, y además, en España no se han hecho tantos estudios similares al del Financial Times que midan la contribución en el gasto en base a renta disponible.

La situación en España no se asemeja a la de EE.UU, aunque sí puede detectarse un pequeño paralelismo si tenemos en cuenta la importancia del turismo y de los extranjeros en el consumo.

Según recientes datos de Caixabank, en la segunda semana de enero el consumo en España ha crecido alrededor de un 3% a nivel general. No obstante, el consumo por parte de extranjeros crece con más fuerza que el de los nativos. Así, mientras que el consumo nacional crece un 7%, el de los extranjeros lo hace un 12%.

En el sector en el que más se gasta es en el de comercio minorista (5,9%), que engloba productos de alto valor añadido como moda, muebles y decoración, electrodomésticos y tecnología. En segundo lugar, se gasta en ocio y hostelería, con un 5,3%.

Por otro lado, según un análisis de Acción Familiar, en 2024 el mayor gasto se registraba en Islas Baleares, seguidas de Madrid y País Vasco. Precisamente, es Baleares la comunidad con mayor porcentaje de residentes extranjeros, con un 21,28%.

Aunque en este caso se hablaría de consumo más elitista, según datos de noviembre de Europa Press los hogares extranjeros también gastan más que los españoles en gran consumo, esto es, alimentos o productos habituales de higiene.

En concreto, los hogares extranjeros gastaron un 10,1% más en este segmento que los nacionales, con un 4,3%. Este dato no implica que en general su consumo pese más, ya que los hogares extranjeros son muchos menos en comparación con los españoles, pero sí implica un mayor peso de la inmigración en la balanza.

En este caso, se habla de familias, sobre todo, latinoamericanas, ya que tienden a comer menos en restaurantes, priorizando el ahorro y la compra en supermercado.

Mayor peso de los extranjeros en la economía

En España no se traslada esa extrema desigualdad de gasto experimentada en Estados Unidos, pero sí que se da un gran peso del consumo de extranjeros frente al de nacionales, lo cual también implica una vulnerabilidad para la economía en cualquier caso en el que se disminuya la cantidad de población extranjera, ya sea por menor turismo o por menor inmigración al país.

Una mayor contribución al gasto por parte de clases altas minoritarias, de la que también forman parte grupos como los nómadas digitales de países como Alemania o Reino Unido, así como extranjeros con segundas viviendas en España, incide en la desigualdad y hace girar la economía en torno a la satisfacción de las necesidades de ese grupo particular, frente al interés general.

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