La copropiedad vacacional, una alternativa para tener una segunda vivienda vacacional en España

Copropiedad vacacional: el “truco” para tener segunda casa

La copropiedad vacacional es una de las opciones más atractivas para aquellos que buscan disfrutar de residencias de lujo sin tener que afrontar los elevados precios asociados que implica la propiedad.

En este contexto, han surgido en España empresas que buscan explotar esta modalidad, proponiendo una nueva forma de adquirir viviendas vacacionales premium en destinos exclusivos, todo a través de la compra de fracciones. Un ejemplo es la firma inmobiliaria Vivla, que actualmente está ampliando su oferta añadiendo nuevas localizaciones.

La copropiedad vacacional podría revolucionar el tensionado mercado inmobiliario español, aunque detrás de un modelo novedoso que presenta la flexibilidad como principal ventaja, también se esconde una preocupante tendencia económica.

Más opciones para tener una vivienda de lujo

Siguiendo con el ejemplo de Vivla, esta firma ha anunciado la incorporación de 13 nuevas casas a su portafolio de destinos, lo que incluye Costa Brava, Cantabria, Madrid y Cataluña. Estos nuevos hogares se suman a un catálogo cada vez más diversificado, que ahora se divide en tres grandes colecciones: playa, invierno y campo.

Esta segmentación refleja el interés de los copropietarios por disfrutar de residencias vacacionales no solo durante el verano, sino también en temporada baja y media, ampliando el abanico de posibilidades en diferentes épocas del año. España ya es un destino completamente desestacionalizado.

Vivla empezó a ganar terreno en España con su llegada a Formentera, donde comenzó a ofrecer la posibilidad de adquirir una octava parte de una casa de lujo, permitiendo disfrutar de seis semanas al año en estos entornos tan cotizados, como son las islas.

Copropiedad como forma de propiedad flexible

El concepto de copropiedad se basa en dividir el coste total de la propiedad en fracciones, lo que permite que varias personas puedan compartirla y hacer uso de ella durante ciertos períodos al año. Esta modalidad ha atraído principalmente a aquellos que buscan acceder a propiedades vacacionales de alto standing sin asumir el enorme coste de una compra tradicional.

El CEO de Vivla, Carlos Gómez, destacó en diálogo con La Sexta que la clave del éxito de la copropiedad en España ha sido la posibilidad de ofrecer viviendas premium en los destinos más solicitados del país, adaptándose a las preferencias de los clientes. En cuanto a los precios de las viviendas, la empresa mantiene una horquilla que va desde los 75.000€ hasta los 280.000€ por fracción, dependiendo del tipo de propiedad y su ubicación.

Es decir, la copropiedad es una forma de acceder a un mercado que, de cualquier otra forma, se ha cerrado en banda tanto para el ciudadano medio como para los de mayor poder adquisitivo, ante una enorme subida de precios que imposibilita comprar vivienda en grandes capitales.

Detrás de la promesa de flexibilidad y de aprovechamiento eficiente de un bien, encontramos una realidad de carestía y dificultad de acceso a dicho bien, por lo que la copropiedad surge para permitir acceder a un bien al que ya no podemos hacer frente de manera individual.

Es cierto que el modelo de Vivla se enfoca en la vivienda de lujo y vacacional, por lo que no es un modelo que aspire de momento a definir la fórmula habitacional del ciudadano normal, pero la tendencia a alquilar pisos por habitaciones, la de encontrar viviendas plurifamiliares o la de gestionar alquileres con la misma automatización que la de un hotel (como vemos en portales como Idealista) van por un mismo camino: la atomización de la oferta, que divide la tarta de la vivienda en porciones con las que se permite la entrada a más personas y con mayor rentabilidad, pero a costa de enterrar el viejo modelo de vivienda, la de la propiedad tradicional, en favor de un modelo rentista de alquiler.

Los hoteles cápsula, las residencias de estudiantes convertidas en alojamientos flexibles como los de la empresa Livensa y los espacios de coliving ofrecen espacios temporales en los que vivir, pero cierran por completo la puerta a la propiedad, así como al ahorro para una futura entrada dados los altos precios de las mensualidades.

La propuesta de Vivla es por tanto similar a la del coliving, pero adaptada al sector del lujo. Una economía de fragmentación es una en la que nadie puede acceder a la porción completa, exceptuando empresas o grandes tenedores.

Según datos de Asufin, está en auge comprar casas como método de inversión, con hasta un 65% de las nuevas compras siendo motivadas por la especulación. Aunque según Fotocasa Research, los compradores de segunda vivienda que tienen interés en vivir en ellas en lugar de ponerlas en alquiler han subido del 68 al 71%.

A mediados de 2025, las solicitudes de hipoteca para la compra de segundas residencias creció un 20%. Con ello, vemos que a un segmento de la población le interesa la compra de segundas viviendas como colchón económico más que para disfrute personal, lo que contribuye al crecimiento de los precios ya que se busca un retorno rápido de la inversión, y a un modelo de propietarios vs. usuarios temporales.

Un modo de vida

Una de las principales novedades que Vivla ha incorporado a su modelo de copropiedad es la opción de intercambiar estancias entre sus distintas propiedades. Con esta medida, los copropietarios pueden sacar provecho de su fracción en otra propiedad de la empresa, siempre que haya disponibilidad.

Esto resulta especialmente útil para aquellos que no puedan o quieran dedicar sus seis semanas asignadas en una misma residencia, o que prefieran explorar nuevos destinos sin tener que adquirir otra propiedad.

La flexibilidad del modelo de copropiedad, con la posibilidad de intercambiar viviendas entre las colecciones de playa, campo e invierno, refuerza el concepto de comunidad, según dicen desde Vivla, ya que los propietarios no solo comparten y disfrutan de una casa, sino que también están unidos por una nueva forma de vivir y disfrutar de las vacaciones.

Sin embargo, hay que tener cuidado y distinguir entre comunidad de interés mutuo y un uso compartido forzado, ante la imposibilidad del acceso total al producto, en este caso, una vivienda. ¿Modo de vida libre y sin ataduras, o precariedad económica?

Épocas de propiedad líquida

Toda esta filosofía resulta bastante reveladora de la época en la que vivimos: las tecnologías y nuevas formas de economía digital permiten entender la propiedad de una manera más líquida y flexible, con los pros y contras que esto conlleva. Desde el modelo Netflix de la propiedad audiovisual efímera hasta los smart contracts de la blockchain, la nueva economía nos permite acceder a productos que, en su forma tradicional, resultan totalmente prohibitivos.

Esta filosofía de la propiedad añade mayor dinamismo al mercado, al convertir el producto en una patata caliente que va moviéndose entre propietarios temporales que, al final, lo que buscan es sacar rendimientos del producto, en el marco de una financiarización creciente de la economía en la que todo bien puede ser convertido en un producto de especulación e inversión, ya sean desde cartas de dibujos animados (tokens no fungibles), a préstamos de criptomonedas, obras de arte, derechos de acceso a un libro que lees en el Kindle, alquiler de software, o una vivienda.

Los modelos híbridos presentan una oportunidad para el que no tiene inconveniente en adaptarse a unas reglas, mientras que dejarán un gusto agridulce a los de la vieja escuela o, simplemente, a los que desean realmente ser dueños del ladrillo.

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