El contraste de la economía española en 2026: crecimiento histórico, pero con la vivienda cada vez más inaccesible

El contraste de la economía española en 2026: crecimiento histórico, pero con la vivienda cada vez más inaccesible

Ya concluyendo el año 2025, la proyección y la actualidad macroeconómica para España y para Europa da números verdes: se espera una disminución de los tipos en paralelo con la inflación en 2026, la inversión creció, los índices bursátiles locales alcanzaron máximos históricos y, poco a poco después de la pandemia, el paro registrado se contrajo a niveles anteriores a la crisis del 2008.

Sin embargo, hay un índice que no da tregua y que afecta directamente a la calidad de vida de las personas en general, pero de los jóvenes en particular: el precio de la vivienda, tanto para la compra como para el alquiler.

Índice de Precios de la Vivienda contra el Índice de Precios al Consumidor entre 2020 y 2025 según datos del INE

Las buenas noticias: crecimiento sostenido y medias nacionales que superan las de la zona euro

En términos estrictamente macroeconómicos, España despide el año como la gran locomotora de la región. El Producto Interior Bruto (PIB) creció un 2,9% en 2025, una cifra que duplica con creces el 1,3% registrado por el conjunto de la eurozona. Esto se debe a un “mix” de motores relativamente sano: demanda interna, inversión y empleo.

La fotografía es la de una economía que ha aprendido a caminar sin el empujón excepcional de la reapertura postpandemia, apoyándose en una renta disponible que ya supera en un 5,3% la de 2019 y en una tasa de ahorro todavía alta (en torno al 13% de la renta bruta disponible, según estimaciones de CaixaBank Research).

El mercado laboral también acompaña. La previsión de cierre para 2025 sitúa el paro en el 10,4%, un nivel que no se veía desde antes de la crisis financiera de 2008. De esto deriva una mayor capacidad de gasto y, en algunos casos, de ahorro, justo cuando los precios (al menos los de la cesta general) se desaceleran.

En paralelo, la inversión crece a ritmos del 7,6% interanual y se sitúa un 40% por encima de 2019, con un foco claro en intangibles como software e I+D. La continuidad de los fondos europeos (como los fondos Next Generation y el Plan de Recuperación) sigue funcionando como carril de aceleración para proyectos ligados a digitalización y transición verde, aunque el debate de fondo sobre la productividad se mantiene sobre la mesa.

Y, en lo fiscal, el panorama también mejora: el déficit cierra en torno al 2,5% del PIB y la deuda pública alrededor del 103%, con la prima de riesgo en mínimos de los últimos 15 años y un coste de financiación con tipos más bajos que en etapas recientes. Las previsiones para 2026 del Gobierno, la OCDE y la Comisión Europea coinciden en que España seguirá creciendo, aunque a un ritmo algo más pausado, situándose entre el 2,2% y el 2,3%.

El sabor agridulce: a pesar del crecimiento, la vivienda es cada vez más inaccesible

El 2025 ha sido un año de récords negativos para quienes buscan comprar o alquilar. El Consejo General del Notariado refleja esta presión en sus registros: el precio medio del metro cuadrado se situó en los 1.921 euros, un 6,7% más interanual. Los ascensos son especialmente agresivos en comunidades como Cantabria (20,4%), Navarra (17,2%) o la Comunidad Valenciana (14,2%).

Esta subida de precios ocurre incluso cuando el volumen de compraventas ha empezado a resentirse ligeramente, cayendo un 1,9% en octubre, lo que indica que el mercado está absorbiendo precios cada vez más altos con menos operaciones.

Fotocasa calcula que en España se forman cada año unos 200.000 nuevos hogares, pero la construcción de vivienda nueva apenas llega a las 100.000 unidades. Esta falta de oferta, sumada a una población que ya roza los 49,44 millones de habitantes según el INE, empuja los precios al alza de forma constante.

El mercado del alquiler no sirve de refugio. Durante 2025, las rentas subieron un 10% según Idealista, dejando el metro cuadrado en una media de 14 euros. La oferta es tan limitada que los propietarios apenas representan el 16% de los participantes del mercado frente a un 80% de inquilinos potenciales, lo que genera una competencia feroz por cualquier inmueble disponible para alquilar.

Qué esperar en 2026 en materia de vivienda

El arranque de 2026 estará marcado por una de las revisiones de contratos de alquiler más masivas de los últimos años. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 estima que más de 630.000 contratos firmados durante la pandemia llegan a su fin.

La renovación de estos acuerdos bajo los precios actuales del mercado supondrá un sobrecoste medio de 1.735 euros anuales por hogar. En zonas de alta presión como Baleares, la subida media anual podría llegar a los 4.615 euros, seguida de la Comunidad Valenciana con 2.686 euros y Madrid con 2.042 euros adicionales al año.

En el mercado de compra, las previsiones de entidades como BBVA Research o Singular Bank apuntan a que los precios seguirán subiendo entre un 7% y un 9% a lo largo de 2026. No se espera un «boom» hipotecario, pero sí un crecimiento moderado de los nuevos préstamos (en torno al 0,4%).

El euríbor, tras cerrar diciembre de 2025 en el 2,268%, parece haber entrado en una fase de estabilidad. Con el Banco Central Europeo manteniendo los tipos en el 2%, los analistas de iAhorro y Ebury prevén un mercado hipotecario más previsible, donde las ofertas fijas y mixtas por debajo del 3% seguirán siendo las más competitivas.

A este escenario se suman otros cambios en los costes fijos. Las pensiones subirán un 2,7% en enero para compensar la inflación media de 2025, y el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) tendrá un nuevo incremento que todavía se negocia entre el Gobierno y los agentes sociales, con propuestas que oscilan entre el 3,1% y el 4,7%. Sin embargo, los trabajadores también verán un aumento en sus cotizaciones debido al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que sube al 0,90% de la base de cotización.

Pese a que la inflación general tienda al objetivo del 2%, el coste de la vivienda seguirá siendo el principal obstáculo para que el crecimiento económico se traduzca en una mejora real del bienestar ciudadano en 2026.

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