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Sostenibilidad y Criptomonedas ¿Está Elon Musk en lo cierto?

Estas semanas atrás hemos vivido como la preocupación por el uso de enormes cantidades de energía, hacía que muchas criptomonedas perdieran una buena parte de su valor en el mercado. Pero ¿es cierto este gasto de energía? ¿Pueden convertirse en más sostenibles o incluso con emisiones negativas de carbono? ¿Cuáles son las más sostenibles?

Tras las últimas declaraciones en Twitter de Elon Musk, el enorme consumo energético de las criptomonedas ha saltado a primera plana ¿necesitan volverse más sostenibles? Analizamos todas las claves.

A medida que las criptomonedas van ganando terreno y aceptación en la sociedad, más elementos técnicos son necesarios, más infraestructura y más mineros. Las redes se ensanchan y más nodos complementan la seguridad y la trazabilidad de las operaciones, pero eso también incluye mayor energía y emisiones de CO2 para mantener todo ese poder de computación en marcha.

Quizás el auge de las criptomonedas sea una buena noticia para muchos al proveer de una moneda anónima, rápida, completamente digital y con muchas características que el dinero tradicional no tiene, pero en lo referente a la infraestructura que sostiene ese dinero puede que estemos ante el clásico caso en el que un muy buen proyecto, pueda “morir de éxito”.

En este artículo analizaremos todos estos aspectos, pero antes…

¿Qué es la minería de criptomonedas?

Para entender por qué las criptomonedas contaminan, primero tenemos que saber que es la minería. Las criptomonedas se basan en una red descentralizada, sin una autoridad central (aunque no todas ellas) que opera y transfiere información entre los diferentes componentes de la red.

Esta red se compone de nodos que pueden comprobar cada una de las transacciones que se da en la red y en el libro de contabilidad que se utiliza para que todo lo que pasa dentro de la red sea verificable, el famoso blockchain. Vamos a ver el ejemplo de un minero de la red Bitcoin:

Un minero de Bitcoin participa en la actualización de esa blockchain, ese libro de contabilidad digital. Para contribuir a actualizar esa blockchain el minero debe resolver un problema matemático muy complejo que sólo puede resolverse a través de generar números al azar. Estos números al azar (que pueden ser miles de millones de intentos) los genera el ordenador que está minando, cuanto más potencia de computación tenga un ordenador, más números al azar podrá generar por segundo y más probabilidades habrá de que acierte con el número correcto.

Si el minero consigue resolver la ecuación consigue unos bitcoins a cambio y puede “escribir” el siguiente bloque de la blockchain con las nuevas transacciones y sus nuevos Bitcoins. La importancia de este método tan costoso en energía (y en dinero) es que hace la red muy segura, muy poco falsificable, a la vez que produce una asimetría:

  • La solución a la ecuación es muy difícil de conseguir (enorme coste)
  • Pero las transacciones son muy fáciles de comprobar (mínimo coste)

Un ejemplo clásico de esto suele ser el cubo de Rubik: es un problema difícil de resolver, pero de un simple vistazo podemos ver si está resuelto o no, si las piezas que deberían encajar efectivamente encajan.

La minería de criptomonedas es como un cubo de Rubik

Las recompensas para los mineros

Una vez que un minero ha resuelto el problema, inserta su solución en un nuevo bloque de la blockchain, además de todas las transacciones pendientes de la red. Este nuevo bloque se envía a toda la red para que cualquiera pueda validarlo, si toda la red valida que ese bloque nuevo es correcto lo adopta y la red al completo actualiza la blockchain con las transacciones que el minero ha incluido en ese bloque.

¿Qué ganan los mineros con esto? En primer lugar, con cada nuevo bloque generado la red emite nuevos bitcoins para pagar a estos mineros en compensación por su tiempo y energía gastada en resolver la ecuación. El pago es fijo (actualmente alrededor de 6.25 BTC) y se va actualizando según los bloques que se hayan generado en total (el proceso llamado halving donde las recompensas a los mineros se dividen a la mitad cada 210.000 bloques, o alrededor de cada 4 años).

Pero no únicamente los mineros ganan “tokens” con la emisión de nuevos bloques, sino también con cada transacción de Bitcoins dentro de la red: es lo que se llama “transaction fee”, a medida que la red es más y más grande y más gente utiliza la moneda las recompensas por las transacciones aumentan y las recompensas por el minado de nuevos bloques disminuyen (existe un ajuste de dificultad).

Este es el ejemplo de la criptomoneda más conocida, Bitcoin, que ha sido la más criticada recientemente por el alto consumo de energía de su red. Cada criptomoneda puede tener formas distintas de validar sus transacciones o de asegurar la red completa, pero la minería no deja de ser el consumo de energía para resolver problemas matemáticos que escriban un nuevo bloque de la blockchain.

¿Son sostenibles las criptomonedas?

La primera pregunta que surge cuando entramos en el terreno de la minería y de la energía necesaria para mantener la red es ¿es esta red sostenible? Mucha gente argumenta que las criptomonedas no son sostenibles, otras muchas dicen que sí lo son. Hace pocos meses la Universidad de Cambridge estimó el consumo de energía de Bitcoin en casi 110 Teravatios, colocando a la criptomoneda con un consumo superior al de países como Finlandia o Bélgica.

Todo este consumo energético es necesario para mantener la red y que los mineros sigan realizando sus cálculos. Si Bitcoin sigue creciendo al ritmo al que lo ha hecho en el pasado, este consumo seguirá en aumento, cuantas más transacciones haya más energía deberá utilizarse para insertarlas en nuevos bloques, y cuantos menos bitcoins queden por minar (sólo se pueden minar 21.000.000 y ya ha sido minada la mayoría) la dificultad de minar nuevos bitcoins seguirá creciendo.

¿Es tan malo como parece?

Aunque de entrada un consumo de tantos teravatios parece desmedido, la realidad es bastante más compleja. Si tomamos por ejemplo el consumo energético de la industria bancaria, está alrededor de los 100 TW al año igualmente.

Además según algunas plataformas como CoinShares, al menos el 75% de los mineros de bitcoin utilizan fuentes energéticas renovables. Con todo esto es importante remarcar que la gran parte del gasto energético que conllevan las criptomonedas no viene del lado de las transacciones, si no de la minería.

Si las transacciones de una criptomoneda aumentan mucho el consumo de energía va descendiendo a lo largo del tiempo, mientras que la cantidad de mineros que hay en la red de una determinada criptomoneda, son los grandes consumidores de energía eléctrica. Cuanta más minería exista, mayor consumo energético habrá.

La prueba de trabajo (POW) o la prueba de participación (POS)

Solemos ligar los números del consumo eléctrico al Bitcoin, tanto porque es la criptomoneda más extendida, como porque es de la que mas y mejores datos solemos disponer. Pero también por otra razón: Bitcoin está basada en la llamada “prueba de trabajo” (o Proof of work), el complejo problema a resolver que ya vimos al principio del artículo.

La sostenibilidad de la minería de Bitcoin

Esto se hace para que la red sea muy segura y que nadie tenga incentivos a tratar de “hackearla”, ya que los mineros tienen que apostar una enorme cantidad de energía y recursos a que ellos darán con la combinación correcta, es muy poco probable que estén dispuestos a hacer esas inversiones para manipular la veracidad de la cadena, ya que esta perdería valor.

Esta prueba de trabajo implica que grandes centros de computación estén 24 horas al día conectados tratando de resolver las ecuaciones que se les presentan. Esto hace que el consumo energético sea muy alto, al tener enormes cantidades de poder de computación trabajando todos los días para que sólo una pequeña parte de ellos consiga una recompensa.

Por otro lado tenemos otro sistema de verificación, la llamada prueba de participación (o Proof of Stake). Este sistema, utilizado por muchas otras criptomonedas, entre las más conocidas Ether, se basa en que los participantes de la red dependiendo de la cantidad de “tokens” que posean, puedan decidir cuánto poder de minado tiene determinado minero.

Esto se llama “staking”, que no es más que tener las monedas depositadas durante cierto tiempo a cambio de un interés. En este sistema no se requiere resolver las ecuaciones complejas que si que se necesitan en el Proof of work, reduciendo la cantidad de energía necesaria para su funcionamiento.

La polémica sobre el consumo energético de Bitcoin y Tesla

Hace un par de semanas, Elon Musk anunció que la empresa que dirige, Tesla, dejaría temporalmente de aceptar Bitcoin para comprar sus vehículos, debido a los altos índices de utilización de combustibles fósiles de los mineros. Esto hizo que el precio de Bitcoin comenzase a bajar hasta un 50%, una durísima caída para un activo absolutamente de moda y que había vivido revalorizaciones de varios cientos de veces tan sólo en los primeros meses de 2021.

Pero otras empresas que también habían invertido en Bitcoin, como PayPal, MicroStrategy o Square, de momento no se han pronunciado sobre este tema.

La creciente demanda de criptomonedas hace que cada vez oigamos más voces críticas con el consumo de energía y las fuentes de la misma, tanto de inversores como de los propios reguladores. La sostenibilidad en su conjunto se ha convertido en el gran asunto a tratar por la política, tanto a nivel local como internacional. Grandes potencias como Estados Unidos o la Unión Europea ya han desarrollado planes ambiciosos para reducir drásticamente el número de emisiones de cara al año 2050.

Vemos cada día los nuevos planes de inversión y de ayudas a nuevos sectores menos contaminantes (como la movilidad eléctrica) al mismo tiempo que se empiezan a desincentivar aquellas industrias con una huella de carbono más importante (diésel, petróleo, etc.). Probablemente es cuestión de tiempo que esta prioridad llegue al mundo de las criptomonedas y vayamos viendo más decisiones en línea con el consumo energético sostenible.

Las criptomonedas serán verdes o no serán

Existen una serie de nuevas iniciativas que buscan mejorar el perfil de consumo energético de Bitcoin así como de otras criptomonedas, y acelerar el cambio hacia un sector de blockchain más sostenible. Estas incluyen el uso de más fuentes de energía sostenible, pero también una serie de acciones dirigidas hacia el desarrollo de nuevos protocolos de eficiencia energética, programas de compensación de emisiones de gases de efecto invernadero y la ampliación de pools de mineros sostenibles.

En el lado de la minería, más de 45 proyectos ya se han unido al reciente “Acuerdo Crypto por el clima” (Crypto Climate Accord) que busca que la industria de minería de criptomonedas reduzca sus emisiones de CO2 permitiendo a estos contribuir a programas de compensación global.

Empiezan a surgir criptomonedas más sostenibles

Un movimiento muy interesante en este sentido fue el que dio Square, una de las compañías que más apoyo a dado a Bitcoin, permitiendo realizar compras y pagos con la criptomoneda desde su famosa aplicación Cash App, que fundó el “Bitcoin Clean Energy Investment Initiative” desde donde apoya a empresas que invierten en el desarrollo, la adopción y la eficiencia de las energías renovables aplicadas a la red Bitcoin. Square donó alrededor de 10 millones de dólares a la iniciativa.

Entre una de las primeras acciones que ha realizado esta organización, fue la publicación de un White paper muy sugerente, “Bitcoin es la clave para un futuro de energía limpia y abundante”. Jack Dorsey, el CEO de Square declaró recientemente que “Bitcoin ya utiliza una gran cantidad de energías renovables, pero esperamos que con esta inversión podamos acelerar su conversión hacia una energía 100% limpia”.

Después de toda la polémica surgida tras el tweet de Elon Musk sobre el consumo de energía de Bitcoin, Michael Saylor, el CEO de MicroStrategy, la empresa cotizada en Estados Unidos (NASDAQ:MSTR) que más y mayor apoyo a dado a bitcoin teniendo más de 100.000 bitcoins en su tesorería, anunció hace pocos días que tanto él como Musk comenzarían a trabajar en el Bitcoin Mining Council con varias empresas dedicadas a la minería.

El objetivo es promover la utilización de fuentes energéticas sostenibles para la industria de la minería de Bitcoin.

Aún queda mucho por hacer

Algunas iniciativas han ido surgiendo a lo largo de los últimos meses, pero aún la gran parte de la industria sigue sin pronunciarse. Alrededor del 75% de todo el poder de minado declara que utiliza fuentes renovables en su actividad, pero tan sólo el 40% de la energía consumida real por la minería viene efectivamente de fuentes sostenibles.

Es cierto que muchas veces para el minado se utiliza la energía sobrante de todas aquellas industrias energéticas que no pueden casar oferta y demanda en un tiempo determinado, es decir, existen muchas industrias energéticas que desechan grandes cantidades de energía (carbón, gas, nuclear…) porque producen más de la que es necesaria en un cierto momento del día.

Algunas empresas de minería aprovechan estos excedentes para comprar esa energía barata y poder minar al menor coste posible, pero hoy por hoy estas prácticas aún están lejos de ser el estándar en la industria general.

Para conseguir un impacto real y a largo plazo, la industria necesita fijar unos estándares globales de actuación, para poder medir el uso de energías renovales así como para garantizar el acceso a las mismas para los mineros. Mientras eso ocurre, hoy las compañías de minería ya pueden hacer algunos gestos de cara a traducir las actividades con un alto impacto en carbono hacia unas con una huella mucho menor, en ese camino está Stripe, la empresa de pagos online, que creó un programa de renovaciones para sus clientes y proveedores, incentivándolos a ser más sostenibles en sus operaciones empresariales.

Un ejemplo muy interesante dentro del mundo de las criptomonedas es el caso de XRP (Ripple), una criptomoneda con emisiones negativas de carbono (que absorbe más carbono del que emite), basado en un algoritmo llamado “Federated Consensus”. Este algoritmo, según Ripple, es hasta 120.000 veces más eficiente energéticamente que el Proof of Work.

Ethereum reducirá su impacto ambiental en un 99%

Si una noticia ha secundado a la creciente preocupación sobre la contaminación de bitcoin, ha sido el anuncio de la Fundación Ethereum, de que la nueva actualización de la red hacia Ethereum 2.0 conllevará una reducción de más del 99% del consumo de energía necesario para mantener la red, en concreto del 99,95%. Ethereum es la segunda criptomoneda (de token Ether) más importante a nivel global con lo que este anuncio ha tenido un gran impacto.

La transición que hará a Ethereum ser más sostenible, es que el actual modelo de “Consensus Proof of Work” será cambiado por un modelo puramente de “Proof of Stake. Como veíamos al principio del artículo, estos dos modelos son muy diferentes entre sí y los consumos energéticos que se derivan de ellos también lo son. Este cambio hacia el modelo de prueba de participación conllevará el uso total de 2.6 Megavatios de energía, reduciendo el impacto ambiental del mantenimiento de la red en unas cifras impresionantes de 99,95%. La transición se espera que comience a finales de este mismo año 2021 y será progresiva.

Otros tokens de la red Ethereum ya habían adoptado la prueba de participación al 100% anteriormente, entre ellos están Algorand o Cardano. Pero además de estos existen algunas criptomonedas que han hecho de su sostenibilidad su principal carta de presentación, entre las que destaca SolarCoin; esta criptomoneda se basa en recompensar aquellos que usen energía solar y validen las transacciones.

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Gráfico: Fundación Ethereum

¿Merece la pena esta contaminación?

Hasta aquí hemos podido ver cuánto contamina Bitcoin y otras criptomonedas, así como los planes de futuro para muchas de ellas y la creciente preocupación por encontrar alternativas sostenibles y rentables para todos los grupos de interés de una determinada criptomoneda. Ahora queremos dar un pequeño giro y entrar en el consumo de energía desde un punto de vista un poco más amplio y es en el concepto de la utilidad del mismo.

Una de los argumentos por aquellos defensores de las criptomonedas se basa en esta idea. Todos necesitamos consumir energía eléctrica para nuestras actividades cotidianas, desde conectar electrodomésticos o cocinar. En este sentido, podemos ver las comparaciones de la Universidad de Cambridge, donde los datos arrojan que con la electricidad consumida únicamente por los aparatos domésticos apagado toda la red Bitcoin podría alimentarse durante casi 2 años.

También vemos que la energía que se consume en Estados Unidos por las luces de navidad equivale a alrededor de 1 mes de energía para toda la red bitcoin.

Yendo un poco más allá, podemos encontrar datos de la industria de la minería de oro, con consumos de más de 140 TWh durante un año, por los 110 TW de bitcoin; pero ninguno hace sombra a las emisiones de la industria del petróleo y el gas, que emiten más del 70% del total de los gases de efecto invernadero a nivel mundial.

Prácticamente todo lo que hacemos hoy en día consume energía, y mucha. Es en este punto donde los defensores del funcionamiento actual de las criptomonedas argumentan que no es tan importante el volumen total de energía, sino si ese consumo energético merece la pena o no. El debate surge cuando se habla de la energía que Bitcoin u otras criptomonedas consumen, o derrochan, pero sólo se puede dar un derroche de energía si esa energía de verdad no tiene ninguna utilidad, o su utilidad es muy baja.

Si las criptomonedas tienen una utilidad alta, ya sea porque son divisas sin una autoridad central, mundiales, sencillas, abiertas, etc. esta energía, pese a ser mucha, puede no ser un total desperdicio.

Este es un debate muy interesante, sobre la utilidad de la energía que utilizamos y sobre las prioridades que tenemos para ella. Estos debates están más en auge que nunca dadas las últimas noticias y parece que seguirán así durante un buen tiempo. Pero más allá de argumentaciones, una cosa está clara: las criptomonedas siguen ganando terreno y en ese camino, están tratando de volverse más sostenibles con cada paso que dan.

Las 10 criptomonedas más sostenibles

Existen más de 4.500 criptomonedas en el mundo así que hacer una pequeña recopilación de las que creemos son las más sostenibles no es fácil. El tamaño de cada una de ellas influye mucho en la huella de carbono que tiene, además de si utilizan el proof of work, el proof of stake u otro método de validación de transacciones.

Incluso dentro del proof of stake, existen algunas criptomonedas más contaminantes que otras ya que su uso de energía es menor. Por ejemplo el Raven Coin, que con tan solo una capitalización del 0.05% del total de las criptomonedas, utiliza el 4.4% del total de energía necesaria para todo el minado de crypto mundial.

SolarCoin (SLR)

SolarCoin es una criptomoneda descentralizada muy especial, ya que se basa en recompensar a aquellos que produzcan energía solar. Por cada Megavatio/hora generado por su instalación los interesados reciben 1 SolarCoin que luego pueden cambiar por otras criptomonedas o por moneda FIAT en cualquier Exchange.

BitGreen (BITG)

BitGreen es una criptomoneda que nació en 2017 como respuesta al impacto ambiental de Bitcoin. Se organiza desde una fundación sin ánimo de lucro que mantiene el proyecto. Se basa en un Proof of Stake que utiliza una menor cantidad de energía que el habitual. BitGreen trata de incentivar acciones ecológicas y ambientales, donde se pueden ganar algunos BITG, y después gastarlos o cambiarlos en cualquier Exchange.

Cardano (ADA)

Cardano fue desarrollado por el Cofundador de Ethereum. La gran diferencia de cardano respecto a Bitcoin es la gran cantidad de transacciones por Segundo, que puede alcanzar las 1.000. Utiliza un Proof of Stake para ser más eficiente energéticamente, hasta unos niveles de 6Gigavatios/hora. Es una criptomoneda similar a Ethereum.

Stellar (XLM)

Stellar nación de una división de Ripple en 2014, con el objetivo de cerrar el gap entre el Sistema financiero tradicional y las criptomonedas. Se ha erigido como una alternativa en muchos casos a PayPal, ya que permite transacciones gratis, sencillas y a todo el mundo. Está dirigido por una asociación sin ánimo de lucro y su ciclo de verificación es mucho más corto y rápido, ahorrando grandes cantidades de energía.

Nano (NANO)

Nano nació en 2015, como una alternativa más rápida y gratis que otras criptomonedas. Utiliza un Sistema de proof of work pero con un método de representación, lo que reduce la huella de carbono y lo hace fácilmente escalable. Asimismo, no está soportado por minería.

Ripple (XRP)

Ripple nació en 2012 como una Plataforma privada que confiaba en un sistema de votación con validadores alrededor de todo el mundo. XRP no es una criptomoneda al uso, sino que se denomina un “token pre-minado”, lo que hace que pueda usarse de nexo para transacciones fáciles, hasta más de 1500 por segundo. Está basado en un sistema muy eficiente energéticamente.

EOSIO (EOS)

EOSIO es una blockchain pública que permite a los desarrolladores escribir aplicaciones en multitud de lenguajes de forma gratis. Está basado en el proof of stake y utiliza asimismo tokens pre-minado que pueden ser intercambiados por otras criptomonedas en los exchanges.

Tron (TRX)

TRON está organizado por una asociación sin ánimo de lucro de Singapur, y su blockchain también permite el uso de multitud de lenguajes. Al ser una Plataforma peer-to-peer los creadores pueden compartir sus creaciones directamente en la plataforma, reduciendo el uso de energía necesario.

Algorand (ALGO)

Algorand es una criptomoneda basada en el proof of stake y en los smart contracts. La influencia de cada uno de los participantes es proporcional a su implicación en el proyecto. Creado en 2019, ALGO es relativamente nuevo en el mundo de las criptomonedas, pero ya puede gestionar más de 1 millón de transacciones diarias. Al ser un proof-of-stake puro, el consumo energético es relativamente menor que en otras criptomonedas.

Ethereum (ETH)

Ethereum es más sostenible para el clima

Como ya hemos visto antes, Ethereum ha dado el primer paso hacia un Sistema más sostenible. Con el lanzamiento del Ethereum 2.0, las cantidad de energía necesaria se verá reducida en más de un 99%, haciendo a toda la red Ethereum mucho más neutral en sus emisiones de carbono.

El Proof of stake se verá reemplazado por un proof of stake, y aunque el proceso será largo, esto convertirá a Ethereum y a su token Ether en una de las criptomonedas más sostenibles a nivel global, siendo la segunda mayor en capitalización. Un gran salto.

En este artículo hemos tratado de exponer las diferentes visiones sobre el consumo energético de las criptomonedas, su impacto actual y las acciones que se están tomando para cambiar las cosas. Las soluciones pueden ser prácticas, dirigidas a crear mayor valor y crecimiento para todos. Probablemente estos cambios, no solo harán que mucha mas gente comience a interesarse y a adoptar las criptomonedas, sino que los reguladores, mirarán con mejores ojos una alternativa verde y digital para el futuro.

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Alicia Ruiz