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El coste de la deuda en España se dispara

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El bono español repunta hasta casi el 3%, comprometiendo la financiación del Estado

Todas las grandes economías se enfrentan a las dificultades de intentar hacer frente a la inflación subiendo los tipos de interés a sabiendas de que ello hará subir los costes de los préstamos para los consumidores, las empresas y podría provocar una recesión.

España está entre los mas afectados y eso se deja ver en los mercados. El bono español a 10 años, el indicador de referencia para el coste de la deuda y el sentimiento de riesgo de los inversores se ha disparado hasta niveles no vistos desde el año 2014, llegando a rozar el 3%.

Esto implica que la deuda de nuestro país se percibe en los mercados como de mucho mayor riesgo de lo que lo hacia tan solo unos meses cuando llego prácticamente a cotizar en al 0%.

Los inversores ya no perciben a nuestro país como un lugar tan seguro donde invertir y por ello el interés que debe afrontar el estado a partir de ahora es muy relevante para las cuentas públicas. La prima de riesgo, la diferencia entre un bono alemán, considerado el mas seguro y el bono español a superado los 135 puntos básicos (1,35%), con un crecimiento superior al 30% en tan solo unas semanas.

¿Qué significa esto? Nuestro país entra en una fase donde pedir prestado no va a salir barato y la financiación publica se complica ¿Hasta que punto es preocupante esta subida de los costes de la deuda para España? Vamos a verlo.

Un problema de deuda

1.453.853 millones de euros. Según los últimos datos del Banco de España esta es la cantidad que deben las administraciones de nuestro país a Marzo de 2022. O lo que es lo mismo un 117,7% del PIB (Producto Interior Bruto) y algo más de 30.000 euros por ciudadano.

Tan solo en el ultimo año la deuda publica española ha crecido en más de 60.000 millones. Durante la pandemia, la deuda pasó de suponer apenas el 98% del PIB al 125% en el transcurso de 4 trimestres.

Es cierto que hay países de nuestro entorno cuyas perspectivas son aún peores: Grecia cerró el año 2021 con una deuda pública del 193% de su PIB, Italia 151% o Portugal 127%. Pero lejos del “mal de muchos …” esta comparación no puede ser motivo de conformidad, viendo lo que está pasando con la inflación y los mercados.

El ratio de deuda pública sobre PIB prácticamente se ha duplicado en la última década, en un momento cuando nunca endeudarse había resultado tan barato. España ha llegado colocar su deuda al 0,05% algo impensable pocos años atrás.

El Banco central Europeo ha puesto en bandeja que los gobiernos pidieran barra libre de crédito fácil en los últimos años y es que endeudarse era prácticamente gratis. La llegada de la pandemia de Covid fue el punto culminante de este crédito fácil y no solo España sino el conjunto de la Unión Europea puso sobre la mesa todas sus armas para tratar de mantener la economía a flote.

Sin embargo, como se dice en economía, nada es gratis y lo que no paguemos por un lado terminaremos pagándolo por otro. Ese momento ha llegado, y España comienza a verse contra las cuerdas en cuanto al nivel y al coste de su deuda pública. El objetivo del Gobierno para todo el año era del 115,2% y aunque se ha reducido en casi 8 puntos porcentuales (bajando desde los máximos históricos del 125,2% al actual 117,7%). Asimismo el plan de Estabilidad del Banco de España proyecta una deuda de las Administraciones del 113% para 2023 y del 112% para 2024. Pero las condiciones actuales, una deuda pagando el 3% en vez del 0%, ponen muy difícil mantener este camino descendente.

España sigue siendo uno de los países de la Unión Europea con mayor desequilibrio en sus finanzas públicas. Obviando las situaciones especiales como el Covid, el déficit estructural de nuestro país está en el entorno del 4%. Esto significa que aunque las cosas vayan bien, nuestro país sigue gastando 55.000 millones de euros más de los que ingresa al año. El reto es importante, pero mas aún cuando estamos en medio de un entorno complicado que muchos ya denominan “recesión”.

La inflación y los tipos de interés del BCE

Las perspectivas de inflación y estabilidad económica mundial se han deteriorado considerablemente en los últimos meses. En 2021 la inflación se disparó al recuperarse la demanda mundial tras la pandemia, pero las cadenas de suministro no pudieron seguir el ritmo, sobre todo por la política de cero COVID de China. El aumento de los precios de la energía ha sido una parte importante del problema.

Muchos banqueros centrales, la FED en Estados Unidos y el Banco Central Europeo en nuestro continente pensaron que era algo temporal y, de hecho, cuando la inflación empezó a remitir en la mayoría de las economías desarrolladas en la segunda mitad de 2021, parecían estar en lo correcto.

Pero la invasión rusa de Ucrania ha roto la paz de décadas en Europa y ha puesto fin a tres décadas de “cero inflación” en los precios. La presión adicional sobre los precios del petróleo y la energía ha hecho que la inflación en muchos países se haya disparado muy por encima de lo que las economías pueden soportar.

La inflación también está empezando a pesar en la economía mundial de muchas formas distintas. La gente tiene menos dinero, los costes de los créditos para familias y empresas se encarecen debido al ascenso del Euribor, los inversores tratan de evitar el riesgo hundiendo las bolsas y los países tienen mucho más difícil encontrar financiación para llevar a cabo sus políticas públicas.

Las perspectivas de crecimiento económico mundial se han ralentizado considerablemente desde febrero. Por ejemplo, el Banco Mundial acaba de rebajar sus previsiones por tercera vez en seis meses, y actualmente prevé un crecimiento global del 2,9% en 2022.

Por el momento debido a la inflación desbocada no parece quedar otra que normalizar tipos de interés. La Reserva Federal de EEUU ya ha tomado nota y acaba de aprobar la mayor subida en sus tasas de interés desde 1994, con un alza del 0,75% hasta el 1,75%. Europa aún sigue muy por detrás tan solo ha anunciado dos subidas a lo largo de este año hasta el 0,5%.

Un reto para el Tesoro Publico

En vista de la situación, los inversores han comenzado a vender sus bonos corporativos y gubernamentales. Al encarecerse los tipos de interés muchos inversores temen que el riesgo de impago de la deuda pública sea más elevado.

Los precios de los bonos se han desplomado fuertemente, lo que significa que la rentabilidad que ofrecen ahora es mayor, ya que cuanto más baja un bono mayor interés ofrece (están relacionados inversamente).

Esta caída en los bonos de los países de la eurozona significa que cada vez les resulta más caro pedir préstamos. Al igual que en la década de 2010, con la crisis del Euro, donde países como Irlanda, España, Italia o Grecia estuvieron a punto del abismo debido a sus problemas de solvencia, la deuda de los países del sur de Europa vuelve a ser vista con cierto recelo.

Pero incluso Alemania, que ha sido el pilar de la prudencia fiscal de la eurozona y ha disfrutado de bonos con tipos de interés negativos (donde Alemania recibía dinero por endeudarse), también ha experimentado un aumento importante en el coste de su deuda.

Si la inflación sigue aumentando, las perspectivas económicas pueden deteriorarse más. Esto podría provocar nuevas ventas de bonos que harían subir más el coste de la deuda Española.

Comienza un camino de vuelta a la normalidad del que se ha hablado mucho en el pasado aunque parecía que no terminaba de llegar. Las subidas de precios de los últimos meses han precipitado una decisión que en otras grandes economías ya hace tiempo que estaba en marcha.

Ahora queda por ver cómo afectará este cambio a los diferentes países de la Eurozona y en concreto a los países del sur del continente, los menos preparados para hacer frente a esta nueva realidad.

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